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Por Carla Perello, para Marcha.


A cuatro años de la desaparición y asesinato de Jonatan "Kiki" Lezcano se realizó una conferencia de prensa en la Legislatura porteña para informar la situación de la causa. Cómo el Estado imparte "justicia" cuando se trata de víctimas pobres.

Angélica Urquiza llora. Se seca los ojos. Respira profundo, su voz se alza. El 8 de julio se cumplieron cuatro años del asesinato y desaparición de su hijo, Jonatan "Kiki" Lezcano y la causa sigue en periodo de instrucción. "A mi hijo lo iban matando cada instante, porque nadie daba información", denunció. La conferencia de prensa realizada en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires con la intención de visibilizar el caso ante los medios de comunicación fue escenario de denuncias en la voz de organizaciones de derechos humanos como el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) y, también, de familiares Luciano Arruga y Mariano Ferreyra, que expusieron sobre las diferencias a la hora de impartir "justicia" por parte del Estado cuando las víctimas son pobres. "Vamos a seguir luchando porque son miles de chicos los que desaparecen y a nadie le importa. Por todos los desaparecidos en democracia, reclamamos justicia. El dolor lo voy a acomodar", lanzó Urquiza en el cierre.
Por Carla Perello

A cuatro años de los asesinatos de Jonathan Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco


Lo dijo entre lágrimas Angélica Urquiza, la madre de Kiki. Participó hoy de una conferencia de prensa en la Legislatura porteña, para reclamar justicia por el crimen de su hijo y el de Ezequiel, en 2009. Denunció que en estos años ni siquiera conoció "la cara del juez".

El salón de conferencias de la Legislatura porteña estaba repleto: legisladores, referentes de las organizaciones sociales y periodistas se acercaron a partir del mediodía para asistir a la conferencia de prensa a cuatro años de los asesinatos impunes de Jonathan Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco en manos de un policía de la Federal. Frente a ellos se veía la foto de Kiki, con la leyenda “Justicia: ayudános a conseguirla”.

NOS DIGITAL nos acompaño en los 3 años del asesinato de Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco




Fue un NN. Fue un número de cadáver. Fue un consumidor de paco. Fue uno al que le costó salir. Fue alguien a quien la policía le pidió que robara. Fue hijo de una madre a la que no le quisieron decir que ya había muerto. Fue un ser humano por el que nadie hizo justicia. Fue amigo de Ezequiel Blanco, al que mataron. Fue un pibe al que asesinaron. Hoy podría contar esto.

Dicen que morí con mi amigo Ezequiel Blanco en un enfrentamiento. Ni que me mataron, ni que el enfrentamiento tenía balas de un solo lado. Dicen eso y les creen. Les creen gracias a que ya me callaron. Y quisieron callar a mi vieja. Bah, a mi vieja para callarla ni le dijeron que yo estaba muerto. Y lo sabía la yuta y lo sabía la morgue judicial y lo sabían todos esos hijos de puta que hicieron todo para que yo robara para la cana. Y no hicieron todo lo que tenían que hacer para que no pudiera salir de la droga, para que no me cagaran a palos sin problemas si me retobaba, para que mis amigos tuvieran miedo…

Grito poderoso del Kun Aguero: ¡Urbanicen, la puta madre!



La casita de Kiki, hace meses, cobija a los más enanos del barrio, con actividades de apoyo escolar y arte. Desde sus retratos, desde sus trofeos y desde algún lugar, Jonathan “Kiki” Lezcano los mira hacer la tarea y remontar barriletes hasta el cielo, donde descansa junto a su amigo, Ezequiel Blanco. Ambos nacieron, por esas cosas del destino, en Villa Lugano, un barrio mediatizado por el gatillo fácil, la represión y el paco. Ambos murieron, por esas cosas de la Policía Federal, en el silencio general.

Angelica y Moni, una tarde con la revista Veintitres




Kiki Lezcano fue ejecutado por federales. Luciano Arruga, desaparecido por bonaerenses. Sus madres reclaman justicia y abren sus casas para que la historia no se repita. 

En los barrios humildes existe una realidad de la que no se habla cuando se menciona la inseguridad. Es la utilización de adolescentes por parte de policías que los obligan a robar para ellos. 

POR TOMÁS ELIASCHEV

Revista Sudestada y el caso de KikiLezcano



En setiembre de 2009, los cuerpos de Jonathan Lezcano y Ezequiel Blanco aparecieron tras dos meses de búsqueda. La forma fue perversa: uno estaba enterrado como NN en el cementerio de Chacarita y otro en la Morgue Judicial. Un policía federal declaró que tuvo que matarlos “en legítima defensa” y el juez dictó su sobreseimiento sin siquiera conocerle la cara. Aún hay más: una causa armada a la mamá de Lezcano. Tres años después, un fallo de Casación devolvió la esperanza a las familias, en un caso que revela nuevamente la oscura telaraña entre el poder judicial y policial.
Lucas Pedulla-Rebelión/Revista Sudestada

Pagina 12/ Revocan el sobreseimiento a un policia y apartan a un juez y a una sala por parciales



Casación revocó el sobreseimiento al policía Daniel Veyga, acusado de balear a Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco. Consideró no probada la legítima defensa y evaluó graves fallas procesales. Apartó al juez Cubas y a la Sala VII de Apelaciones. 
Un fallo de Casación revocó el sobreseimiento de un uniformado de la Federal, acusado de matar en 2009 a dos jóvenes en legítima defensa durante el intento de robo de su auto, sobreseimiento que había sido ordenado por un juez de instrucción y luego confirmado por la Cámara de Apelaciones. Es decir, en su fallo, Casación dejó en veremos que la defensa hubiera sido legítima y, más aun, que siquiera hubiera sido defensa. El caso fue revelado por Página/12 en setiembre de 2009, cuando los dos jóvenes, Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco, después de dos meses de búsqueda por parte de sus familiares, fueron hallados en el cementerio como NN. De la resolución de la Sala IV de Casación, a la que tuvo acceso este cronista, se desprende que las actuaciones del juez de instrucción Fernando Cubas, y de los camaristas de apelaciones Mauro Divito, Rodolfo Pociello Argerich y Juan Cicciaro, conforman un manual de cómo se debe actuar para no proveer justicia: sobreseyeron al policía sólo con su declaración y la de testimonios tomados en comisaría; no peritaron las armas que supuestamente llevaban los supuestos asaltantes; las pruebas de la supuesta defensa presuntamente legítima no pudieron ser controladas por los familiares; las que fueron solicitadas por ellos, fueron rechazadas; y ni siquiera les concedieron el recurso de apelar a Casación solicitado por el abogado de los familiares, Juan Manuel Combi. A tal punto llega la ausencia de equilibrio en el caso, que los jueces de Casación Gustavo Hornos y Mariano Borinsky ordenaron apartar del caso a Cubas y a los tres camaristas y empezar todo de nuevo. 

Tiempo Argentino: 7 de Mayo de 2011. Por Juan Diego Britos




El Cels cuestionó la estructura y la conformación de la Metropolitana


Según el organismo que preside Horacio Verbitsky, los cuadros jerárquicos de la policía macrista trabajaron para la Federal en la dictadura. Los asesinatos de “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco en Lugano, y las críticas a Scioli y Casal.

El Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) presentó el Informe Anual 2011 sobre la situación de los Derechos Humanos en la Argentina. El estudio critica duramente a la Policía Metropolitana creada por Mauricio Macri y asegura que el gobierno de Daniel Scioli experimentó un “claro retroceso” al devolverle a la Policía Bonaerense el poder que las reformas de la gestión de León Arslanian habían limitado.

El documento se presentó el jueves en la Feria del Libro y contó con la presencia del ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eugenio Zaffaroni, la abogada de la agrupación H.I.J.O.S, Ana Oberlin, y del presidente del Cels, Horacio Verbitsky.

Artículos aparecidos en el diario Tiempo Argentino



Los dos estaban arriba de una camioneta. El del asiento de atrás, de 25 años, era Ezequiel Blanco. Le habían dado dos disparos, ambos en el entrecejo. El otro se llamaba Jonathan Lezcano. Le decían Kiki y tenía 17 años. Era adicto al paco y en la imagen se lo ve todavía vivo, con una bala en el cuello. La cámara lo muestra intentando respirar. El que filma lo insulta. “A ver putito, hace arrancar la camioneta, la concha de tu madre”, le dice mientra busca primeros planos. Pocos segundos más tarde, agrega: “che, llamemos una ambulancia, por las dudas”. Kiki muró una hora y media después.

La familia de Kiki con Víctor Hugo Morales


Veintitres/ Viernes 25 de septiembre de 2009



Mi vida no vale nada. Prefiero que me peguen un tiro en la frente antes de que alguno de los porongas de la Comisaría 52 de Lugano me arme una causa y me metan en cana.” El que habla a cara tapada, a metros de la Villa 20 de Lugano, es Pablo. A los 16 años conoció al célebre sargento Rubén Solares, alias “Percha”, de la temible brigada de la 52, que lo obligó –mediante palizas, amenazas y persecuciones–, como a tantos otros, a trabajar de delincuente las veinticuatro horas del día, sin más opciones que el silencio y la obediencia. En caso contrario, la cárcel o la muerte eran las únicas alternativas.

Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco tenían 17 y 25 años. Vivían en la misma villa 20 y estaban desaparecidos desde el 8 de julio pasado. Después de sesenta días de angustia para los familiares, el martes 15 de septiembre, los jóvenes aparecieron muertos de dos disparos cada uno, en el cuello de Jonathan, y en la frente y la nuca Ezequiel: una circunstancia difícil de imaginar para un enfrentamiento. El dato fue revelado por Manuel Lezcano, el padre de Jonathan.